Sexo con un putero

Ser rubita con los ojos azules me ha abierto muchas puertas, lo reconozco. Pero en esto del sexo, a los tíos y tías les vuelven locos mis ojos. ¡Qué cosas! Como si para el sexo fuera importante, pero bueno, desde mi teléfono erótico, y tras ver mis fotitos, tengo unas experiencias sexuales cada día diferentes. Ahí es cuando se fijan más en mis tetas que en otra cosa.

Nunca se sabe los caprichos de quien te va a llamar. Por eso me encanta mi trabajo al otro lado de la línea caliente.

Sin embargo alguna de las experiencias me llaman tanto la atención que no puedo contárselas a nadie, ni siquiera a mis mejores amigas. Menos mal que sé que al menos vosotros y vosotras las entendéis, por ello procuro escribir de vez en cuando.

UNA EXPERIENCIA ÚNICA

En aquella ocasión me sentí como una verdadera puta, y me gustó. El hecho de ser usada, de ir contrarreloj, de que me dijeran las cosas más sucias que jamás había oído y que el tipo tuviera un calentón tremendo no me dejo ni mucho menos mal. Si no todo lo contrario. Me agradó, y mucho.

• ¿ Cómo estás preciosa? – Me saludó un tipo ya algo madurito, de unos cincuenta y tantos años o así.

• Bien, gracias. ¿Y tu?

• Pues muy caliente. Acabo de ver unos vídeos porno, he vacilado a alguna putilla por teléfono y tengo unas ganas de correrme que me va a volver loco.

• Pero pobrecillas, ¿Qué te han hecho para que las vaciles?

• No, si las conozco a todas, sólo que hoy no puedo ir a verlas. Mi mujer me controla las salidas. ¡Maldita alarma! Ahora sabe cuando entro y cuando salgo de casa.

• Bien, bien, eso es lo que yo llamo “seguridad”, je je.

• No te rías, ahora mismo me iba a ver a alguna de ellas que ya me conocen y saben lo que me gusta. Pero no puedo. Así que brujuleando por internet he dado contigo, y con ese pedazo de tetas que me están excitando más todavía.

• Gracias, a todos les gusta el placer que les puedo dar con ella, y con el resto de mi cuerpo.

• No me extraña, eres un queso. ¿No podríamos quedar algún día? Te pagaré lo que me digas.

• No cielo, aún no cobro por sexo en persona, quizá algún día me lo plantee.

• Pues avisa, seré uno de tus clientes más fieles. Yo cuando encuentro a una que me gusta y me sabe hacer feliz, no la suelto.

• Eso está bien. No es fácil encontrar quien te entienda en la cama, aquella persona que de rienda suelta a sus fantasías y complazca las tuyas, claro.

• Buff, a mi cada vez se me ocurre algo nuevo. No hay nunca dos polvos iguales.

• Eres de las mías. Que suerte haberte encontrado.

• Gracias, pero es que es la verdad, cada una nace con habilidades diferentes.

• Eso les digo yo a mis gatitas, nenas, no podréis entre todas darme el placer que busco. Por eso unas son ideales para mamarla, otras para abrirse de patas, otras para cabalgar y sin embargo otras me dominan como a mi me gusta. Pero las quiero a todas!

• Ya, ya imagino, y menos mal que les tienes afecto.

• Mucho, yo respeto su trabajo, además que nunca engañan. ¿Me haces un francés hasta el final? ¿Si? ¿Cuánto?- Lo pago y hasta el final.

• Tienes razón, son más honestas que muchas que yo conozco que no se dedican a ser putas.

• Desde luego, pero el día que encuentre a una que me lo de todo, te aseguro que me separo y la retiro.

• Bien, así todo queda en casa.

• Si, es lo que yo digo.

• ¿Y tan difícil es encontrar alguna que calme toda tu sed de sexo?

• Alguna lo intenta cielo, pero es que lo mío es mucho vicio.

• Me gustan los hombres así.

• Vaya, he tenido suerte! No con todas se puede decir eso, te toman por un degenerado.

• No, que va, el vicio sexual es sano.

• Y tan sano, a mi me pone a tono para todo el día.

• Y a mi, imagínate las conversaciones y orgasmos que puedo tener a la semana.

• Pero te corres?

• Claro

• Yo pensaba que no, que todo era fingir.

• No soy de piedra cielo.

• Vaya, pues si vieras ahora como la tengo, seguro que te alegrabas.

• Seguro cielo. A ti se te ve tan decidido.

• Siempre, siempre dispuesto.

• Eso me pone de un hombre.

• Pues puedo estar horas y horas empalmado, y sin pastillitas, eh.

• Si, nací para esto.

• Y yo. No se me ocurre ningún trabajo mejor que el que tengo a cargo del teléfono erótico.

• Buff, que nena más traviesa.

• Mucho, mucho.

• Seguro que estarás ahí tumbadita en la cama.

• Claro cielo, el mejor sitio donde se puede estar. Y sólo con una lencería fina roja.

• Mi madre, como mis gatitas.

• Pues si, no soy tan diferente a ellas. Sólo que yo no cobro por follar.

• La mujer 10. Vamos.

• Según lo mires.

• Me estás poniendo muy bruto. Sólo imaginar las tetitas y como las calentaría yo.

• Ese es uno de mis puntos más erógenos, puedo correrme si un tío o tía sabe como ponerlas a cien.

• Vaya, ninguna de mis gatas es capaz de eso.

• Pues inténtalo con alguna.

• ¿Si? En serio.

• Muy en serio.

• A ver, que yo note como te las coges.

• Lo llevo haciendo ya hace un ratito.

• Umm, que zorrita eres.

• Si, lo soy, y más si me dices que tienes la verga dispuesta.

• Muy dispuesta cariño.

• Pues la quiero encima de mi, entre mis tetas.

• Siii, no lo digas dos veces, pero antes ensalívala, luego los movimientos serán más fáciles.

• Lo haré, pero de eso no debes preocuparte, puedo comérmela mientras la pones entre mis tetas.

• Vaya, vaya, eso si que es nuevo para mi.

• Pues a mi me encanta.

• Bien, bien, he acertado contigo.

• Gracias cielo, pero a ver, quiero ver si esa polla está a punto o no.

• Si la vieras, roja de excitación, con sus venitas pronunciadas. Y apenas me la toco.

• Um, la quiero para mi, para mi sola, hoy sin gatas, yo puedo ser una pantera, pero venga, acércala a mi boca. Me pongo de rodillas encima de la cama, vamos, acércate.

• Claro cielo, cógemela antes bien fuerte.

• La tengo, si, ummm, que bien, excitada del todo, si señor, ahora la masajeo un poco, pero ya empiezo a chupar el glande.

• Si, si, si, así

LA MEJOR PUTA DEL MUNDO

Me había puesto a cien. Un hombre que necesita irse de putas, y más de varias a la vez, porque ninguna le contenta del todo, era como un reto para mi. Ese día quería ser una de las mejores putas del mundo.

• Ahora baja mi lengua sin soltarla, y lo hace hasta tus huevos, que los cojo con los labios.

• Pero si todas las que lo intentan empiezan a escupir por los pelillos.

• Pues a mi me encantan. Siempre que note que se ponen más gordos, me fascina.

• Umm, sigue putita mía. Sigue.

• Claro amor, ahora te hablo, te cuento lo que hago pero llegará un momento que sólo me dedicaré a engullirla.

• ¿Garganta profunda?

• Muy profunda.

• Ahora sí, empiezo a tragar. Despacio, despacio pero cada vez más profundamente.

Había cogido mi consolador de gel, me era más cómodo para la boca. Me sentía como una verdadera zorra, calmando la ansiedad de aquel hombre experimentado en sexo de manera sobrehumana. Le gustaba todo, y para ello tenía a cada chica especial. Mi reto era demostrarle que yo podía con todo. Me encantaba ser su puta.

• Jo, esto sólo lo hace una brasileña que conozco, pero no le entra entera. Se nota que te gusta!

• Si, amor, sólo la saco para contestarte, me encanta, ya he podido con la mitad, ahora, si, a saco.

• Si, si, dale fuerte!

Mis sonidos con el consolador le hizo reaccionar y a la vez comprobar que podía con todo ese pedazo de miembro.

• Me gusta, si, me gusta, esa sensación de que está dentro, y para darle más placer te agarro de la nuca. Que no quede nada fuera.

• Si, si, todo.

• Ahora si, me estoy poniendo muy caliente, capaz de correrme muy dentro de ti. Pero quiero reservar el cartucho para más tarde. El primero siempre es una pasada.

• Como quieras, pero me encanta tragar.

• Buff, entonces dispararé.

Los sonidos de aquella mamada, mis gemidos, y unas cuantas guarrerías que me soltó hizo que al final descargara dentro de mi boca. A mi me gustaba sentirme con la garganta repleta de semen, y es más, me relamía pensando la estela de semen que podía dejarme al sacarla.

Él por su parte, no dejaba de gemir.

• Que bien me he quedado. Lo de tragar no me lo habían dejado hacer nunca, sólo soltarlo y que cayera en la boca; eso la brasileña, pero no se lo traga como tu.

• Pues está bien rico.

• Te gusta, ¿eh?

• Me encanta, aún te la lamo, no quiero dejar ni una gota. Te la voy a dejar reluciente.

• Me encantas, putita mía.

• Y a mi, es como el elixir del placer, ahora si que estoy yo caliente.

Había alternado el comerme ese consolador de gel con meterme con una mano uno eléctrico. Mi clítoris estaba ya bien dispuesto para un buen final.

• Ahora si que quiero aparcar mi polla entre tus tetas, ya que tanto presumes.

• Es que son ideales para una cubana.

• Desde luego, ss de naturales son bien duritas, y mis pezones, dos balas.

• ego, pero las tetas de silicona no me gustan, y ella se ha puesto unólo hay que verlas.

• Y darles un poco de caña.

• Si, claro, nada me gustaría más que mientras recargo las pilas, empezar a darle mordisquitos en los pezones.

• Pues venga, no te cortes.

• No, no lo hago, ahora mismo estoy encima de ti agarrándolas bien fuerte, pero ahora mi lengua empezará a chuparlas como si fuese un bebé.

• Rico, rico.

• Noto que te gusta, mucho cielo.

• Les daré más caña. Además son naturales, como yo las prefiero. La que las tiene más gordas es una colombiana que conozco, es buena para el griego, pero las tetas de silicona no me gustan, y ella se ha puesto unos melones de impresión.

• Las mías además de naturales son bien duritas, y mis pezones, dos balas.

• Por eso me gustan, además las tienes tan suaves, que me quedaría dormidito chupándolas.

• Vamos a jugar un poco más. Ponte encima y deja que mis tetas abracen tu polla. Como te dije puedo lamerte la punta de tu capullo mientras te hago una rica cubanita.

• Que delicia, eso si que es un arte.

• Pues te aseguro que lo domino.

• Si, que ya está pidiendo otro disparo de semen, y esta vez, no sé donde voy a disparar.

• Pues pide por esa boquita. Yo estoy loca porque me hagas gozar.

• A ver, a ver. Ya!, como eres tan completita no te negarás a que te encule por detrás. ¿No?

• Claro que no. Lo que tu prefieras.

• Es que eso sólo lo puedo hacer con una española un poco mayor que tu. Y muchas veces se queja.

• Pues yo no. Me pone ardiendo sentir una buena polla por detrás.

Estaba ardiendo. Mi coño húmedo necesitaba un orgasmo, si él no me lo daba, debería tirar de dedo o de juguete, pero quería correrme con él. Siempre me gusta hacerlo en compañía.

Así que apliqué en mi ano un gel maravilloso y mientras hablamos ya me lo iba aplicando con los dedos jugando a colarse un poco. Un consolador duro, de gran tamaño iba a emular su polla.

• Ven nena, deja que te coja por detrás.

• Si, claro, estoy de pié.

• Mejor, mejor, así te empujaré con mucha más fuerza.

• No te demores, quiero un polvo salvaje.

• Estoy acostumbrado nenita, ¿no ves que me cobran por hora?

• Pues ya llevamos más, así que rápido, que me muero por correrme.

Note como de nuevo se echaba mano a la polla, como la calentaba y después me relataba lo que hacía. Me abría de piernas, me daba cachetes, me mordía el cuello, y por supuesto las palabras sucias era el lenguaje con el que más cómodo se sentía. Y yo, estaba dispuesta a ser la más puta, dejarle sin aliento en todos los sentidos.

Tuvo la delicadeza de decirme como me iba poniendo la polla en el culo, como empujaba lentamente, y como aceleraba sus movimientos. Yo empujaba, mi consolador entraba mejor, pero no sin sufrimiento, ese que produce tanto placer.

De un tiempo a esta parte me gustaba más que por el coño. A él le costaba, se notaba que para el segundo debería hacer un gran esfuerzo; creo que deportista no era, desde luego.

Yo ya no podía más, se lo pedía, más placer, más placer, mucho más. Necesitaba sentir el semen en mi interior. Podría aguantar, pero no sabría cuanto.

Mientras a él le venia me puse a jugar con otro, este con mi clítoris, estaba sudorosa de tanto esfuerzo, lo que me hacía sentirme más zorra aún.

De repente él aceleró como un conejo, empezó a gemir, a subir el tono de sus palabras, yo casi sin esperarle le di fuerte a mi consolador, pero hubo suerte, nos corrimos a la vez.

No podía más y me tiré en la cama. A él sólo le escuchaba unos tímidos gemidos, estaba destrozado, fui muchas putas a la vez para él.

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Irina Stark


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Me gusta hacerlo en sitios públicos y pensar que me están viendo, con mis tetas enormes te haré ...

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