Tres son multitud

Hola amores! ¿Qué tal os va? A muchos que me llaman ya habitualmente a través de la línea erótica, ya se de ellos. Y cuando se ponen en contacto conmigo los encuentro fenomenales, siempre tan calientes como yo.

Y es que os diré que este trabajo me viene como anillo al dedo. Ya desde jovencita me fijaba en los chicos mayores que yo. Me ponía cachonda en la piscina viendo esos cuerpos, tanto, que siempre manchaba el bikini. Pero afortunadamente eso no se pasó. Ahora, con treinta años recién cumpliditos, sigo igual.

TRES SON DEMASIADOS EN UNA LINEA ERÓTICA

Debo confesaros que mi hermana la mayor se dio cuenta de que siempre andaba con revistas, vídeos y cosas así, como espiar a los chicos cuando se cambiaban en el gimnasio. Además sabía que me llamaban la caliente del barrio, con lo que al final se enteró mi madre y acabé en un psicólogo. Un hombre de unos treinta y tantos, y yo con mis 18 añitos recién cumplidos. Un pedazo de pivón que no os podéis hacer una idea.

Empezó con el rollo de la edad, que no le diera importancia, y esas cosas. Pero yo me las ingenié para seguir con la “terapia” que no consistía más en que me diera la charla de manera muy nerviosa. Yo siempre iba sin ropa interior. No olvidaré nunca como se le caía la baba. Pero nada, no lo caté. Y eso que se lo puse facilito.

Pero dejemos el pasado y volvamos al presente, si. Porque quiero compartir con todas y todos una de las experiencias últimas que me han ocurrido. Fue esta misma semana, y aún me relamo los dedos.

Llamó un tipo que parecía serio, eso parecía, porque al final de serio no tenía nada. Pero si destacar que al comienzo me pareció hasta frío.

• Buenas tardes. Preguntaba por la señorita Noelia.

• Si, soy yo.

• ¿La misma que la del perfil de la web?

• La mismita.

• ¿Y tu me lo aseguras?

• Pues claro cielo.

• Puedes estar mintiendo.

• No tengo necesidad cielo

• ¿Y eres la de las fotos?

• Si, claro.

• Bueno, seré confiado por una vez.

• No sé de que tienes que desconfiar.

• Hay mucho engaño

• Pues no, no engaño. Además, si piensas lo contrario, lo dejamos. No pasa nada.

• No, no. Por favor. Que nos ha costado mucho decidirnos en llamar.

• ¿Decidirnos?

• Si, me refiero a mi chica y a mi. Queríamos experimentar la sensación de un trio.

• Ah, bien, perfecto. Y ella no habla?

• Si, claro, te la paso.

• Hola Noelia! Soy Miranda. Ya disculparás a mi chico, pero es que es así de borde al principio.

• No pasa nada

• Si, muy desconfiado, no sabes cuanto. Si por él fuera me tendría atada a la pata de la cama.

• Bueno, si te gusta el BDSM- Le contesté irónicamente.

• No, ja ja

• A mi si.

• Pues habrá que probarlo, pero de momento nos gustaría que fueras nuestra invitada.

• Todo un honor preciosa.

• Eran como el sol y la luna. Ella alegre, divertida, sensual, con una voz erótica y él un poco seco y cortante. Pero con la aparición de Miranda mi cuerpo se puso un poco más “contento”.

• Y dime cielo, ¿qué te gusta más de los tríos?

• Pues la verdad, te seré muy sincera, me encanta cuando la chica está ardiendo y yo pongo mi granito de arena femenino. Agradecen que se las trate como a mujeres. Me explico, nosotras si sabemos como atacar.

• Vaya, parece que puedo llevarme la mejor parte.

• Si quieres. Si.

• A mi es que me gustaría también ver como te folla él. Ya que como no quiere que el trío sea con otro hombre.

• Sin problemas preciosa.

• Pues ya me lo estoy imaginando. Y me pone mucho la situación. Mi chico ya está casi desnudo.

• ¿Y tu mi amor?

• Poca cosa. Una especie de blusón sin nada debajo. Me encanta es de hilo y con el sudor se me pega todo en el cuerpo.

• Debes de estar muy sexy.

• Si, creo que mucho. ¿Y tu?

• Pues con mi lencería fina, mi arma de conquista.

• La adoro nena, es lo que más me gusta de las chicas, que sepan elegir la lencería y quitárselas yo.

• No sé porqué, pero pensé que no habías estado con ninguna.

• Bueno, todas hemos ido a la Universidad, y sabemos lo que es estudiar en casa de amigas, además a mi chico no le importa, siempre que sea con tías.

• Bien, bien, seguro que nos entendemos.

• Si, estoy convencida. Él ya está tocándose. Le gusta que la vea como se excita. La tiene preciosa. El tamaño justo para mi.

• Ahora si que me imagino la escena, y la verdad, siento envidia.

• No te preocupes cielo, ¡¡¡qué despegamos ya!!!!

• Estoy deseando, ¡me encantan las fiestas!

• Y a mi, a pesar de que esta sea la primera, estoy entre nerviosa y excitada.

• Como yo cielo, siempre me pasa cuando son ocasiones tan especiales.

• Eres una chica dulce, me pones. Quítate la lencería, anda!

• Claro amor.

• Um, que ganas de comerte.

• Las mismas que yo a ti cielo.

Estábamos un poco “ñoñas”, pero es que era un encanto, nada que ver con su chico que la estaba metiendo mano como loco. Escuchaba como se la cascaba. Luego reconoció que la situación entre las dos le ponía tan bruto que prefería ver como interactuábamos.

• Ya me la quité amor. Desnudita para tí, y para tu chico.

• Mi chico flipa, está de un bruto que no para de meterme mano por todas partes.

• Seguid, seguid así!! – se le escuchó gritar.

• ¿Ves? Se lo está pasando de miedo, dice que tiene polla suficiente para las dos.

• Pues genial!

• Ahora me la coloca en la boca cielo.

• Pues la lamemos entre las dos.

• Genial!

Estaba ya metida de lleno en aquella situación, me ponía que se la follara mientras yo también tuviera oportunidad de participar.

Durante unos minutos sólo se escuchaban los sonidos propios de una mamada. Yo corrí a por mi gran juguete, lo lamía con fuerza, y con la otra mano agarraba con intensidad mi clítoris. Esta empapada.

• Uff, nena, como me soba, si que está burro.

• ¿Mejor no?

• Siiii

• Pues ahora entro yo.

• Vale!

• Deja que te bese

• Si, por favor.

• Deja que bese esos labios tan bonitos que debes tener.

• Ummm, es lo que necesito. Me está follando a perrito. Arrodíllate delante de mi, por favor.

• Claro, claro.

• Um, quiero lamer tus tetas, si, eso quiero.

• Todas tuyas, me las cojo con las dos manos y las coloco en tu boquita.

• Si, dame, dame, las quiero poner tan duras como están ahora las mías.

• Sigue cielo, sigue.

• Me fascinan, siento como esos pezones se ponen como balas.

• Si, así es, además me gusta ese balanceo que tienes, como se nota que empujan,

• Si, pero me concentro en tu cuerpo. Quiero follarlo yo. Deja que las mordisque.

• Si, por favor,

• Me voy a correr, nena, me voy a correr, ojalá estuvieras aquí.

• Lo estoy cielo, además ahora con mi lengua te relajarás cuando lo chupe bien a fondo.

• Si, si, me corro!!!

• Ummmm. Que placer escucharte.

• Ven, baja, te espera mi clítoris.

• Y que me limpie la polla!! – se escuchaba a él de lejos vociferar.

• Claro, las dos cosas. Primero con él, si?

• Si, dijo ella. Entre las dos.

• Eso si que me encantará, besarte mientras se la lamemos

Durante unos pocos minutos las dos lamiamos cosas distintas, ella la polla de su chico y yo el consolador para que estuviera aún más lubricadito.

• Me encanta ese sabor ¿y a ti?

• Mucho cielo, mucho, pero te toca relajarte. Ábrete de piernas para mi ahora.

• Claro, claro.

• Umm, que calentito está todavía, hay que relajarlo para que luego goces más.

• Tu crees que se relajará? Lo tengo encendido de deseo.

• Bueno, es una manera de hablar, pero mi lengua te dará esos estímulos tan suaves que no podrás resistirte a gozar.

• Ven, deja que lo abra bien con la ayuda de mis dedos mientras te chupo el clítoris.

• Um, siiiii.

• Así estira las piernas, mientras te lo lamo con suavidad, mi culito se mueve y sé que te encanta verlo así.

• Mucho cielo, mucho.

• Si, así, lo noto en tu voz, gozas.

• Como una perra. No lo sabes bien.

• Si, lo sé. Nada como un masaje de lengua después de un polvo.

• O antes, me da igual, que bien lo haces.

• Tranquila cielo, relájate

• Pero si me estás poniendo a mil de nuevo.

• Bueno, si, pero más despacio. Todo más despacio.

• Quiero follarte yo a ti amor.

• Ahora, si, ahora.

• Ya, no ahora, ya!

• Bien, me meto en la cama, abro mis piernas, se enredan con las tuyas y ahora si, me podrás follar como quieras.

• Eso es lo que yo quería. Juntar nuestros coños y empezar a movernos las dos.

• ¿Y tu chico?

• Disfrutando y tocándose los huevos literalmente.

• Bien, empuja amor, empuja.

• Durante un tiempo no dejábamos de hacer lo que se llama la tijera, cada vez los movimientos eran más intensos, cada vez estábamos más excitadas, y a mi ya me quedaba muy poco para correrme.

• Ella era un conjunto de alaridos, era fantástica.

• Vaya, vaya con lo que aprendiste en la Universidad.

• Que va, amor, esto es la primera vez, allí solo nos hacíamos dedos y poco más. Es, como diría yo, si me reservara para ti, follas como una diosa.

• Pues tu para ser la primera vez te pongo un diez.

• Gracias, pero no paremos, estoy a punto, a puntito.

• Yo también, así que más duro, más rápido.

• Si, si, que ganas.

• Si, me estas dejando muerta de placer.

• Pues ya verás cuando las dos chorreemos después de corrernos.

• Si, vamos bien, muy bien. Como me pone el roce de tu coño, está hecho para mi.

• Sigue, sigue, sigue

• No paro amor

• Ahora si, me viene, me viene.

Habría faltado un par de minutos para alcanzar un orgasmo simultáneo, pero así estaba bien. Yo apreté fuertemente su cuerpo con mis piernas, y dándole fuerte me conseguí correr de una manera muy placentera. Aquella jovencita era el símbolo del pecado.

Estaban en un hotel. Su chico terminó de pajearse y se fue a la terraza a fumar. Las dos nos quedamos solas, entre palabra bonitas, promesas de que nos llamaríamos, como dos novias.
Así estuvimos durante mucho tiempo, hasta que él regresó. Ya no se sentía tan cómoda con su presencia.

Por ello, y esa misma noche, casi a escondidas, me volvió a llamar. Esta vez la tijera se quedó en poco, hicimos todas las perversidades que ella quiso, y yo me dejé llevar de una manera muy placentera.

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Natalia Cristal


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Anita


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Susana


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Soy universitaria y tengo muchas ganas de follar y mojarme contigo, me gusta ir desnuda siempre que puedo así que ...

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